martes 20 de mayo de 2008

Defensor de la libertad de los pueblos originarios



Aquellos hombres, por lo que hoy estamos aquí, se borran de la memoria de nuestros pueblos, pasan a ser personajes en nuestros billetes o bustos en los parques más conocidos del país, desapercibidos por los que transitan esas vías. No sólo es el caso de Juan Rafael Mora Porras, ni el de otro sinfín de hombres y mujeres, sino, en una fecha tan importante que se remite a siglos anteriores, cuando en 1710 el cacique Pablo Presbere luchó contra la colonización españolas de la región de Talamanca, se recuerda la gesta heroica de este hombre.
La colonización, principalmente española, abarrotada de ideas nuevas, religiones, historias, se antepuso, sin ninguna clemencia, a la idiosincrasia de un pueblo, consolidado, política, económica y socialmente. En una época donde la manipulación fue un proyecto clave, la acción de levantar y organizar a un pueblo, adolorido y enfadado, se destaca en la época, principalmente por la muerte de algunos representantes del viejo mundo.
Debemos recordar el terrible y absurdo dilema de hace mucho tiempo, la discusión que mantuvo el Fraile Bartolomé de las Casas, cuando quiso hacer entender a muchos el hecho de que “Los indígenas eran personas, pensantes, se han organizado políticamente, se les debe tratar como humanos que son”. ¿Cómo se cuestionaba esto? Después de las construcciones, artesanías, sociedad, que tan fuertemente forjaba el camino de naciones enteras. Ejemplo los mayas, incas, en Costa Rica, cabécares, bri-bríes, chorotegas y demás. Los mismos que hasta hace unos años, tuvieron la dicha de portar cédulas de identidad. Posteriormente se les reconocería su identidad, sólo para utilizarlos como simple mano de obra.
Es importante reconocer la función de un chamán de aquella época, a quien no sólo se le considera capaz para mutar una realidad colectiva, como el médico de una región. Estos personajes tienen una categoría muy significativa en las colonias indígenas y su papel es no menos, que uno de los más importantes de las mismas.
La sublevación no sólo se interpuso ante los europeos, sino que a su vez, recupera la fuerza de una región y capacidad para arraigarse a sus raíces. Un ejemplo para nosotros actualmente, donde carecemos de coraje para levantarnos ante ideologías o modas externas, se nos es más sencillo, adaptarnos a estas. Las zonas donde aún se conservan pueblos indígenas, que son olvidados por las autoridades y por sus mismos coterráneos, son los responsables de que Costa Rica mantenga pequeñas zonas auténticas, todavía.
Pablo Presbere, fue sentenciado a morir arcabuceado, lentamente, sin embargo éste nunca reveló la identidad de sus compañeros luchadores, ni se doblegó ante el imperio europeo. Una muestra de valor y coraje para su pueblo y demás costarricenses. Y ésta no es más que una de las miles razones de la importancia de este aborigen.
Ciertos historiadores han preferido realizar las invenciones de un héroe nacional, pero aquellos que conocen las verdaderas raíces que los mantienen vivos, saben que los héroes cumplen otros papeles, aunque a estos no se les celebre con tambores y platillos, con uniformados, en una gran algarabía, marchando al compás de una tradición.
Muchas veces se nos han olvidado las raíces que poseemos cada uno de nosotros, les debemos nuestra identidad y nuestra cultura a los indígenas que se antepusieron con valentía la opresión del gran hombre blanco.